¿ES LA CIUDAD LA FORMA DE ORGANIZACIÓN MÁS PERFECTA?

Aristóteles afirmaba que la polis era la forma política inherente al ser humano, el modo de organizarnos al que nos llevaba nuestra propia naturaleza. Para el estagirita, la ciudad era una evolución de las formas de comunidad más primitivas: la familia y la aldea. Sin embargo, y dado que estas afirmaciones tienen 2300 años, no cabe sino preguntarse: ¿han perdido actualidad las ideas del filósofo a tal respecto?

La finalidad (el telos) de una polis era para Aristóteles generar el caldo de cultivo perfecto para la puesta en práctica de las virtudes humanas y para la mejor búsqueda de la felicidad. Esto último era precisamente el objetivo de la política que defendía: garantizar que el hombre pudiera ver cumplido el sentido de su vida, otorgar felicidad y una buena vida a los ciudadanos. Sin embargo, ese bien común solo sería orquestado por quienes no tuvieran otros trabajos que realizar y pudieran consagrar su vida a la política: lo que el filósofo llamaba ''ciudadanos libres''. Ello excluía a las mujeres, a los esclavos, a los mercaderes, etc.

La primera crítica que puede hacérsele a este modo de organizar la sociedad es que lo que Aristóteles llama ''el bien común'' acaba en la práctica siendo la voluntad de un pequeño grupo, una élite acomodada y solo preocupada en la vida contemplativa que no comprende las penurias que el pueblo llano (incluyendo a la mujer) pasaba y aún pasa a día de hoy. Negarles a estos últimos voz y voto es taparse los ojos ante la realidad que se vive en grandes centros urbanos actualmente, con millones de habitantes cuya única preocupación mayor a lo largo del día es poder traer un sueldo a casa y mantenerse a sí mismo y a sus seres queridos.

Bien sabía Aristóteles que la democracia degeneraba, mas debía de confiar en la buena fe de los gobernantes, pues solo serían ellos los que ocuparan cargos de poder. A mi modo de ver, no todos los ''hombres libres'' de vida tranquila se dedicarían a la contemplación: hay quien encontraría una supuesta felicidad en bienes banales como el dinero, al que podría acceder fácilmente con el poder que poseyese. Me sorprende, pues, que Aristóteles afirmara que la democracia solamente degenera en demagogia y no en una suerte de cleptocracia de la élite política imperante que se eligiera entre sí.

No obstante, no es razonable afirmar que la democracia degenera ''solo'' en cleptocracia. El filósofo predijo que la demagogia surgiría cuando entra en la ecuación el sufragio universal, en que toda persona, independientemente de su nivel intelectual y de la facilidad con que puede ser engañado, tendría derecho al voto. Soy, sin embargo, de la opinión de que la educación es la herramienta adecuada para incorporar a todos en el sistema democrático, en lugar de negarles de antemano todo poder de decisión. Al fin y al cabo y según el estagirita, la opinión de mayor cantidad de personas es más valiosa y acertada que la de uno solo, por sabio que sea.

Aristóteles no concebía (ni supo anticipar) un estado que comprendiera varias ciudades, pues las juzgaba autosuficientes y entendía que la autarquía era el sistema que debían aspirar a tener. Este es, a mi juicio, el mayor punto en contra de su planteamiento. La historia ha relegado el poder de las ciudades a un segundo plano, subordinándolas a la voluntad de un estado que comprende vastas extensiones de terreno. Los habitantes de un estado sienten más interés por los asuntos de este que por los de su ciudad, y no es para menos, pues el primero se ha arrogado el derecho de regular lo que antaño gestionaba el segundo. También son pocas las personas que sienten un vínculo emocional con su ciudad superior al que sienten cuando se les habla de su nación. Ello no debería extrañar a nadie: como dije antes, las ciudades se han hecho tan grandes que resulta imposible comprender con un mínimo de detalle las tesituras de la mayoría de los habitantes que viven en ellas.


En resumen, el concepto aristotélico de polis ha perdido fuelle ante el estado, pues ya casi nadie se siente ciudadano de una antes que compatriota de un país. En el poder que les queda a las actuales ciudades, y particularmente en el mundo occidental altamente alfabetizado, queda desfasada la idea de discriminar entre aptos y no aptos para votar en los asuntos urbanos. Queda también demostrada la falsedad de la afirmación de que la polis es la forma última y natural de la sociedad humana: 2300 años después, hemos avanzado progresivamente hacia una sociedad estatal.



Comentarios

  1. Buena entrada Daniel. Hubiera estado bien seguir el razonamiento y preguntarse si el Estado-Nación es la forma de organización más perfecta o igual que la polis está destinado a perecer. Saludos.

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