¿Existe el libre albedrío?
Con frecuencia mencionamos en nuestras más mundanas conversaciones el poder del destino o las azarosas tesituras a las que nos aboca la suerte. Si refinamos un poco la pregunta, la podemos plantear en los siguientes términos: ¿soy realmente libre de tomar mis propias decisiones o hay una fuerza externa, inevitable, que me predestina a realizar lo que ya está escrito? ¿Existe el destino y mis actos son predecibles o realmente puedo hacer lo que es mi voluntad, es decir, que tengo libre albedrío? De repente, nos vemos cuestionándonos acerca de posturas filosóficas tan complejas como el determinismo, y pese a que sintetizar toda una escuela filosófica en la extensión de este texto es imposible, es a mi juicio lícito intentar una superficial crítica a ella.
Desde la invención de la llamada nueva ciencia, el debate se centró en torno a un determinismo no impuesto por Dios, sino por las propias leyes científicas. A medida que dicho conocimiento ha ido avanzando a través de los siglos, ha quedado y queda patente que los objetos inanimados están sujetos a los principios físicos del movimiento, los átomos de las sustancias a leyes de choque, rebote y reordenación, y la luz a las reglas de la relatividad, sin excepciones. Lo anterior nos lleva a querer extrapolar este razonamiento a los seres vivos. ¿Es predecible el comportamiento de un perro, el crecimiento de un árbol o incluso la mente humana? Bien es cierto que el conocimiento de la psique es mucho más escaso que el del cuerpo físico, y tal vez sea por eso que no tenemos evidencia suficiente para afirmar que el funcionamiento del cerebro, ya sea humano o del resto de animales, puede reducirse a las funciones de cada una de sus partes. En caso afirmativo, y al estar estos objetos bajo el yugo de las leyes físicas, no cabría sino afirmar que somos meras máquinas sin alma y que solo obramos en función de teorías científicas que matan la concepción de libre albedrío.
A mi modo de ver, y, como digo, dado el escaso conocimiento que aún tenemos de la mente, no podemos sacar una evidencia clara del argumento anterior. Quizá el argumento de Kant sea el que más me convence: si no tenemos libertad de tomar nuestras propias decisiones, sino que todo está predestinado, no tendríamos responsabilidad sobre ellas y sobre los actos derivados de ellas, por lo que los sistemas judiciales carecerían de sentido, como tampoco lo tendría preguntarse sobre moral ni sobre virtudes como la responsabilidad. Por consiguiente, y ya que es inconcebible que un asesino mate sin voluntad de ello y siendo prácticamente ''movido cual títere'', hemos de tener libertad de decisión, ergo somos libres y queda destruido el determinismo.
Creo estar indirectamente apoyando la tesis cartesiana de que el hombre no está sujeto a la predictibilidad por tener sentido de la razón. Ni el francés ni yo sabemos explicar con precisión cómo un alma, es decir, el pensamiento, puede comunicarse y mover por verdadera voluntad un cuerpo físico, más quizá fuera bueno adoptar el emergentismo de Eccles y Popper, el cual, lejos de dar una respuesta cerrada y que parece que nos pide el cuerpo, afirman que la mente humana no puede ser explicada descomponiendo su órgano representativo en cada uno de sus partes y estudiándolos por separado. La unión de todos ellos hace que ''emerja'' la mente, es decir, el sentido de la razón.
No quisiera concluir la publicación sin criticar la concepción cartesiana de que los animales no tienen alma y son máquinas precisamente valiéndome del argumento emergentista. La exhaustiva observación e los animales a lo largo de estos siglos nos muestra que algunos poseen una destacable inteligencia, y unos patrones de respuesta a estímulos tan complejos que son comparables o incluso superiores a los de los primitivos humanos. Cada animal tiene un cerebro, ya sea más grande o más pequeño, cada uno con sus características diferenciadoras y adaptado a las circunstancias de vida de la criatura. ¿Por qué hemos de caer en el maniqueísmo de si un animal tiene sentido de razón o no lo tiene? ¿No es legítimo afirmar que puede ser todo un continuo sin saltos discretos en que cada criatura posee un nivel diferente de inteligencia que emerge de su cerebro, y que eso ya les da en cierto modo el valor intrínseco que conlleva tener capacidad de raciocinio?
Como conclusión final, y aunque no he querido ahondar mucho en teorías cuánticas sobre el caos determinista y el carácter probabilístico de las partículas subatómicas, afirmo que en mi opinión el determinismo flaquea y es insuficiente para explicar el mundo en que vivimos, al cerrarnos la puerta a todo cuanto el ser humano hace por su propio pie, ya sea loable o despreciable.
Muy bien Daniel. Saludos
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