¿Qué es conocer?

    Entre todos los textos que leímos y comentamos el curso pasado, recuerdo especialmente uno con el que se pretendía introducirnos al debate entre racionalistas y empiristas. El escrito ponía de ejemplo una mesa, que por los sentidos percibíamos sólida, de un color determinado, localizada en un lugar específico e inequívoco, y oponía esta concepción a la científica, en que la mesa está formada por átomos con partículas de posición azarosa y entre las que la mayoría del espacio está vacío. Concluía asegurando que, por más que cuadraran los cálculos, esa imagen que pretende dar la ciencia de los objetos no lograría jamás ''exorcizar'' la que yo tengo en mi mente, que he deducido en base a mis experiencias sensoriales.

    El problema del conocimiento es, como se aprecia, de los temas que más me han intrigado y dejado pensando desde que se me planteó, y por ello formulo sin más preámbulos las preguntas: ¿En qué consiste el acto de conocer y cuáles son sus fuentes? ¿Qué es acaso conocer?

¿CÓMO CONOCEMOS?
El "mutis" del racionalismo y la incompletitud del empirismo

    Cualquiera que haya visto un lápiz metido en un vaso de agua sabe que no es raro que los sentidos nos engañen. Con esta premisa surge la filosofía racionalista, que antepone la razón, como nuestra única herramienta para conocer la realidad del mundo, a los sentidos, de los que no se podría extraer ningún conocimiento fiable.

    El racionalismo parte de que la razón es una facultad totalmente desligada de la experiencia sensorial que tenemos adquirida, y que por tanto ella y sus ideas son innatas. No sería entonces descabellado preguntarse: ¿por qué estamos asumiendo que la razón puede comprenderlo todo? Si nuestros sentidos son limitados y no alcanzan a ver el mundo en su totalidad, ¿quién nos asegura que la razón sí es omnipotente y omnisciente? Y también cabe dudar de lo siguiente. ¿No es caer en el dogmatismo tener que partir de que existen unas ideas con las que ya nacemos para poder sustentar toda la argumentación ulterior, base del planteamiento racionalista?

    El empirismo tampoco es de gran ayuda para "conocer" realmente el mundo. Basándonos solo en la experiencia sensorial, mas negando la causalidad como principio extrapolable a lo general, ¿qué conocimiento verdadero podemos aspirar a alcanzar? ¿De qué nos sirve acaso la razón en el empirismo, si lo único que esta haría es generalizar situaciones que en realidad no podemos predecir?

    Otro problema surge con esta corriente filosófica. Siendo la experiencia tan subjetiva, ¡ni siquiera podríamos fiarnos de que todos notamos y sentimos lo mismo al estar en contacto con algo o con alguien! Esto es otra vuelta de tuerca más a la imposibilidad empirista de extraer información fiable de algún lado. No es, pues, de extrañar que la moral de Hume se base en la emoción y no en la razón, ¡de perdidos al río!

    Quisiera resumir este punto con la siguiente tesis: la experiencia sin la razón es ciega porque no puede obrar con la más mínima lógica ni deducir el futuro, pero la razón sin la experiencia es impotente puesto que la primera no tiene ámbito de aplicación. Es por tanto menester que superemos el debate, al estilo kantiano, conjugando experiencia y razón, para dar explicación a la ciencia y abordar correctamente y con la debida importancia su método.

¿QUÉ CONOCEMOS?
La practicidad de las Matemáticas

    Quizá el lector, al leer lo anterior, infiera que estoy asegurando que nos es imposible conocer, que niego el conocimiento más allá de lo que captan los sentidos; sin embargo, no lo creo así. Nuestra percepción es limitada, sí, pero en la ecuación también entra la razón. Gracias a la conjunción de esta con la evidencia empírica hemos podido avanzar en ciencia y descubrir fenómenos que con los sentidos no seríamos capaces de sentir. Nuestros ojos no ven los átomos, pero deducimos que ahí están.

    ¿Y cómo deducimos? La Física adopta el lenguaje de las Matemáticas para ello. Las Matemáticas no son más que un lenguaje lógico, describe el modo de pensar del humano y cuando las aplicamos al mundo, a la Física, somos capaces de anticiparnos a lo que ocurrirá. Infiérase que, en el hipotético caso de que existieran otros seres en el universo con anatomía radicalmente distinta a la nuestra, su lógica y, en consecuencia, sus Matemáticas podrían ser realmente distintas a las nuestras.

    Esto último es así porque las Matemáticas son una transcripción, una especie de Piedra de Rosetta que reduce la complejidad de la realidad a la lógica humana, a las estructuras de nuestras mentes. No existe aritmética ni geometría en ninguna parte si no hay ningún humano intentando descifrar los intrincados cambios en el mundo que lo rodea. Las Matemáticas y la Física son, en definitiva, nuestro puente y nexo de unión con los fenómenos de una realidad a la que no podemos acceder sensorialmente.

¿QUÉ ES ENTONCES CONOCER?
La tesis final

    Cualquier cosa que deseamos conocer, la transcribimos y traducimos a lo que percibimos con nuestros sentidos. Estamos constantemente reduciendo a escalas humanas todo cuanto observamos experimentalmente pero no sensorialmente. Claro ejemplo de ello es nuestra concepción de átomo. No es casualidad que tengamos que imaginarlo dando como un conjunto de bolas girando unas alrededor de otras. Ni siquiera el modelo actual, el mecano-cuántico se libra de nuestro modo de percibir. Se suele representar con una nube más o menos densa en torno al núcleo atómico.


    En resumen, conocer es asimilar la complejidad de la realidad, a cuya totalidad ni por asomo tenemos acceso, y digerirla bajándola a las escalas humanas, con el fin de que podamos hacer de ella representaciones mentales, ya sea visuales con dibujos, auditivas con la palabra, o de cualquier otra índole.

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